Enero es siempre un mal mes para los estudiantes. Se acercan los exámenes, se acaban las fechas de entrega de trabajos, aún te quedan por vivir las navidades y tienes que pensar en los carnavales. Enero es el típico mes que se pasa volando, sin dinero, con muchas ideas, pero sin tiempo.
Entre estudiar, hacer trabajos y planificar algunas cosillas, aún he tenido tiempo de leer algunos libros.
Lo primero que cayó fue la archiconocida saga de “Crepúsculo” de Stephenie Meyer. Son libros que se leen fácilmente, me atrevería a decir que hasta rápido. Los cuatro tomos me duraron apenas unos quince días. Está claro que se trata de novela romántica, amor adolescente entre un vampiro y una mortal. Un vampiro que echa por tierra todo aquello que los caracteriza. Aquí los vampiros no se esfuman cuando les toca un rayo de sol, los vampiros relucen al sol como si estuvieran hechos de diamantes. Éstos vampiros no se alimentan de humanos cuando tienen hambre, ellos son especiales, ellos cazan animales grácilmente. Éstos vampiros no duermen en un ataud ni viven solo de noche, ellos van al instituto. Por si fuera poco, todo aquello que nos enseñaba aquella serie llamada “Big Wolf On Campus” era mentira, los licántropos pueden transformarse cuando quieren…
Y los protagonistas, por si fuera poco castigo pasarse cuatro tomos comiendo pollo, se pasan hojas y hojas poniendo los ojos en blanco. De todas formas, como lectura fácil y entretenida, aunque solo sea para pasar un buen rato, no está mal. Aunque nunca, un libro, había conseguido que en vez de querer ser la protagonista, quisiera ser la “mala” y acabar con la vida de Bella XD.
Tras acabar con Crepúsculo, conseguí hacerme con “Los Juegos del Hambre” de Suzanne Collins. Es una trilogía aún por publicar entera. El primer libro es al más puro estilo de “solo puede quedar uno” narra la batalla hasta la muerte entre unos adolescentes condenados a matarse unos a otros y a sobrevivir como sea. Son elegidos por sorteo cada año y, cada año unos diferentes, tienen que ir a un estadio enorme a sobrevivir. Sus hojas han conseguido que me pase la noche leyendo, ha conseguido que lo pase mal y han conseguido, también, que esté deseando pillar la segunda parte.
Lo último que ha pasado por mis manos este enero es “Chesil Beach” de Ian McEwan, una novela corta que narra cómo se conocen Florence y Edward, cómo se comprometen, cómo se casan y cómo llegan, ambos, vírgenes, a su luna de miel. Un libro que me ha ocupado los últimos días de enero y que realmente no me ha llamado la atención por nada especial pero que tampoco me ha disgustado leer
.
Febrero ha empezado con “En lugar seguro” de Wallace Stegner.











