Cuando lo empecé, yo ya sabía que iba a acabar. Sabía que era facilísimo hacer castillos en el aire, sabía decir lo que querían que dijera, lo había repetido tantísimas veces que hasta yo misma creí que me gustaba.
Como en el cuento de la lechera, se me cayó el cántaro y se me rompió en mil pedazos.
Lo que la lechera no sabía es que éstas cosas se pueden reconstruír con paciencia y tiempo y, aunque no reconstruyamos un cántaro, podemos construír tantísimas cosas con los pedazos rotos que hemos recuperado.
Hay cosas, hay gente que se queda en el camino… ¿y quien nos dice que no podamos añadir pedazos nuevos a nuestra nueva obra de arte?.
Tan solo espero que quede bien y que la sepáis apreciar, porque ésto es un camino sin retorno y con los días contados.
Y cada mañana es el comienzo de un nuevo día, todo… todito para mí, mis 24 horas
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