
Hace muchos años me gustaban las tormentas, eran muchas las noches en las que mi padre se despertaba por el ruído de los truenos y me encontraba acurrucada en la escalera, frente a la ventana, viendo el festival de lluvia y rayos que la naturaleza escenificaba tras los cristales.
Un buen día, no sé por qué, las tormentas empezaron a darme miedo, y ahora, donde me acurruco es bajo el edredón esperando que la mañana llegue con su calma tras la tempestad.
Supongo que irá por etapas de la vida, al fin y al cabo, bastante tormentosa es ya mi vida como para ver como la intepreta la naturaleza, como si de “Fantasía” se tratara.




