
Sé que siempre pasa, que planeas las cosas una y otra vez, planeas cada palabra, cada gesto y cada mirada. Es imposible evitarlo. Tenía todo tan pensado que el día que he conseguido los medios, me he quedado sin palabras.
Sé que aún quedan abejas jugando en las tripas, quizá quedan demasiadas para lo poco que tuve, pero ahí están, perennes desde hace tantísimo tiempo.
Y es que en realidad no sé qué tuve, ni qué tendré, ni siquiera si cruzaremos alguna palabra, es quizá más el miedo a la indiferencia que a la negativa de un reencuentro.
Ahora mismo solo tengo un libro, unas cuantas cartas y nueve dígitos. Ahora mismo es lo único que tengo, y de momento, me parece más que suficiente.
Mañana, seguro, que además tengo ese poquito de valor que hoy me falta y esas pocas palabras
.




