Primero vino el capricho, después el por qué no, más tarde el error. Después vino la ilusión, y tal como vino, se fue. Llegó la ingenuidad y se lo llevó todo. Algo me lo devolvió la amistad y otro poquito la inocencia.
Tras eso llegó la pasión mezclada con la locura, sin buscarla y sin esperarla, con la misma intensidad que se marchó una noche de invierno.
En pequeños momentos han pasado por aquí ilusiones, momentos rápidos y momentos lentos, amistades disfrazadas de algo más y algo más disfrazado de amistad.
He ido a cenar, al cine, a mirar estrellas, a columpiarme, a hablar, a ver pasar las horas, a leer, a pasear, a conciertos y festivales, he ido a miles de sitios y me he quedado igual que siempre.
Con la misma ingenuidad, la misma ilusión y la misma vena enamoradiza.
¿De verdad ha servido de algo o simplemente ha merecido la pena tan solo por disfrutar cada uno de los instantes?





